El dolor es inevitable el sufrimiento es opcional
Buda
El enfoque tradicional de la psicología del deporte, el modelo cognitivo conductual, enfatiza fundamentalmente en el control de los procesos internos como objetivo de sus intervenciones, siguiendo la lógica de que experiencias internas como pensamientos, sensaciones, emociones, etc, tienen por lo general efectos negativos sobre el rendimiento. Sin embargo en los últimos años, publicaciones provenientes de la psicología clínica han cuestionado dichas premisas. Por ejemplo Clarck, Ball y Pape (1991), han mostrado que la eliminación o el control de pensamientos negativos puede tener un efecto paradójico, incrementado un tipo de actividad cognitiva indeseada, lo que pone en cuestión el uso de técnicas como la detención del pensamiento o el autodiálogo, en muchos casos. Por su parte estudios de Barlow, 2002; Carver y Scheier, 1998, Gardner y Moore, 2006 han demostrado que los esfuerzos por ejercer control interno sobre las experiencias internas (cognitivo-emocionales) pueden suscitar procesos de hípervigilancia, precisamente, una actividad asociada con el rendimiento disfuncional, de acuerdo con las evidencias contemporáneas basadas en los modelos de auto-control. En otras palabras, el deportista puede vivir pendiente de modificar sus pensamientos de revisar sus sensaciones, experiencia psicológica que expone al sujeto al agobio y provoca mayor malestar.
Si bien no se pueden descartar técnicas tradicionales de la psicología del deporte, como el control de la activación, la restructuración cognitiva, detección del pensamiento entre otras, dichos estudios nos invitan a mirar otras perspectivas teóricas/ practicas. Además exigen al psicólogo del deporte realizar evaluaciones precisas que permitan determinar adecuadamente que técnicas son las apropiadas para cada deportista.
En este sentido quisiera enmarcar esta columna considerando las premisas básicas del enfoque de Aceptación y Compromiso, (Hayes, Strosahl, y Wilson, 1999; Wilson y Luciano, 2002) enfoque que emplea la Aceptación entendida como la capacidad humana de experimentar el estar conscientes, en el aquí y el ahora, de las sensaciones, los pensamientos, sentimientos, emociones, recuerdos, imágenes, etc.
Esta capacidad de estar conscientes vendría unida al compromiso de llevar a cabo acciones acordes con los valores personales y también estaría vinculada con las estrategias de cambio necesarias para aumentar la flexibilidad mental. La aceptación psicológica entonces es una estrategia de cambio, consistente en no evitar, no controlar, lo fundamental sería abrirse a las distintas experiencias (positivas y negativas), algo muy similar a lo que nos proponen métodos orientales de meditación.
Uno de los métodos más usados por este enfoque es la utilización de metáforas, instrumento que pasa a ser un símbolo que sirve como vehículo del pensamiento; donde las personas simbolizan experiencias, dan estructura, significado, y continuidad a sus vidas.
Me he tomado la libertad de realizar una adaptación al ámbito deportivo, de una de las metáforas más comunes de esta orientación psicológica. Ella es la llamada Metáfora del Autobús, que nos dice lo siguiente:
En la vida vamos conduciendo un autobús por la carretera que lleva hacia nuestras metas y con el motor de nuestros valores. Llevamos unos pasajeros inquietos que son nuestros, sensaciones, pensamientos, y emociones. Todos ellos, muchas veces, son catastrofistas y nos dicen por ejemplo: “si no haces la marca que esperas en este momento, se termina la temporada” “se van a reír de ti”. “mi cuerpo no responde cuando hace frío” “la presión puede conmigo, me siento pequeño”, “la gente espera mucho de mi”. “me vengo abajo en los momentos claves”. Como vemos pareciera que estos pasajeros se nos vienen encima, nos aprietan el estomago, nos tensan el cuello y los hombros, muchas veces no nos dejan dormir tranquilos. Del mismo modo nos dicen implícita o explícitamente: “no lo intentes mas”. “no vale la pena tanto esfuerzo”, “abandona la carrera”, “no explores tus limites, para que te vas a decepcionar”. En el deporte competitivo los deportistas deben lidiar habitualmente con estos conflictos internos.
Antonio García (2006), nos señala que frente a la presión de estos pasajeros son diversas las opciones de afrontamiento.
- Hacerles caso y ceder: Lo que significa alcanzar un alivio inmediato a corto plazo, es decir, cedemos frente a las emociones y pensamientos desagradables, por lo tanto abandonamos la tarea emprendida, “dejamos de sufrir”. Sin embargo, no alcanzaremos aquello por lo que decidimos ir, de modo que es muy probable vivir con permanentes sentimientos de insatisfacción.
- Establecer una lucha con el pensamiento: Discutir y convencerlo que esta equivocado, no obstante éste ha establecido una serie de creencias inflexibles, que hace prácticamente impermeable su funcionamiento, por mucho que intentemos cambiar pensamientos negativos por positivos, la tarea se hace difícil. Otra alternativa sería echarlos del autobús, negar su presencia, no obstante las sensaciones, pensamientos y emociones son tan fuertes que emergen espontáneamente y amenazan latentemente con sacarnos en cualquier momento de la carretera.
- La tercera alternativa y propuesta de esta columna es la de la ACEPTACION, es decir escuchar su amenaza, sentir como se adhieren a nuestro cuerpo, observar el miedo, reconociendo que es muy probable que tengan razón, pero pese a ello no hacerles caso, es decir obviando las acciones que nos proponen para evitar la catástrofe que nos predicen. Aceptar entonces es arriesgarse a explorar los limites, arriesgarse a encontrar el desastre que nos afirman ocurrirá mas adelante. Se trata de seguir conduciendo por el camino que cada uno se propuso.
En el deporte competitivo si aprendemos a conducir en esta adversidad, existen mayores posibilidades de cumplir con los objetivos y metas trazadas, tal vez nuestra convicción al plan de ruta haga que los pasajeros se silencien al fondo del autobús, aunque a veces quieran volver a entorpecer el viaje.
En esta metáfora del autobús, la alternativa de la aceptación consiste en escuchar la predicción catastrófica de nuestras, sensaciones, emociones y pensamientos, sin reprocharlos, sin evitarlos, y seguir adelante con las metas y objetivos que se trazaron a comienzo de temporada, aunque a veces no tengamos ganas, aunque nuestras sensaciones nos digan que no conseguiremos nada, aunque no aparezcan las marcas, aunque nos invada el sin sentido.
La aceptación es si se quiere una apuesta filosófica del vivir es aceptar la posibilidad de la adversidad, de la frustración pero a pesar de ello seguir la dirección de los valores personales mas profundos.
En este contexto un deportista podría entrenar su ACEPTACION en las siguientes experiencias:
- Aceptar la posibilidad de lesionarse. Los atletas a medida que avanza la temporada comienzan a percibirse con mayor fortaleza física, por lo tanto surgen sentimientos de invulnerabilidad como: “Soy joven, soy fuerte, a mi no me puede pasar nada”. ¿Pero que sucede si se atraviesa un lesión? Aparece la decepción, la tristeza, la rabia, la que no siempre es bien canalizada. Un atleta puede pasar semanas lamentándose y preguntándose el ¿Por qué? de esta mala fortuna, con el peligro de retrasar la recuperación, con el riesgo de disponerse negativamente a la rehabilitación e incluso puede negar la lesión exponiéndose a agravarla aun más.
Si el atleta acepta esta experiencia como una posibilidad, si se da cuenta prontamente que en su condición de deportista de alto rendimiento está tan cerca de la fortaleza física como de la lesión, podrá centrarse con eficacia en la tarea que corresponde, es decir, RECUPERARSE. Como se ha expresado anteriormente, no se trata de negar o evitar los pensamientos o emociones que conlleva lesionarse, se trata de expresarlos, observarlos y con ellos avanzar hacia la mejoría física.
- Aceptar la posibilidad de no cumplir con algunos objetivos o metas: A veces pareciera que para cumplir con cualquier objetivo primero tenemos que sentirnos bien y luego podremos seguir el camino, incluso en algunos momentos se llega a creer que el requisito del éxito es la ausencia del sufrimiento y por eso pensamos que la prioridad es eliminarlo y evitarlo a cualquier costo. (García, 2006).
Al comienzo de temporada se plasman anhelos, sueños, deseos, en objetivos y metas, si el atleta se compromete al 100% con los entrenamientos, con el cuidado personal, lo entrega todo en competiciones, tendrá mayores probabilidades de alcanzar aquellas metas de corto, mediano y largo plazo trazadas en un inicio. Pero en este proceso, puede encontrarse también con distintos obstáculos, con la frustración de una mala carrera, con la decepción de no clasificar a un evento, con la contrariedad de una lesión, con la frustración de no cumplir la meta principal de temporada.
Las metas y objetivos en el deporte como en cualquier ámbito de la vida son apuestas por lo tanto son factibles de cumplir o no cumplir, la diferencia radica en que los sentimientos que emergerán cuando se ha decidido ir con convicción hacia la meta, serán mucho mas gratificantes que aquellos que surjan de la inmovilidad o del temor a intentarlo.
- Aceptar la posibilidad del malestar físico: Me es casi imposible imaginar un deporte de alto nivel, que se encuentre exento del malestar físico, las largas sesiones de entrenamientos, las cargas según periodo de temporada, los tipos de movimiento según el deporte, exponen a los atletas a aprender a lidiar permanentemente con dolores corporales. Es claro que deportistas y entrenadores deberán afinar su evaluación y ojala determinar con precisión cuando se trata de un dolor que puede derivar en una lesión y cuando es un dolor soportable y esperable en una fase determinada de la temporada.
Lo importante en este sentido, sería impedir que las malas sensaciones físicas influyan en el estado anímico o en la disposición psicológica para afrontar un entrenamiento y una competición. Si esto lo concretamos en un autodiálogo el deportista podría decirse a si mismo: “tengo dolor no lo puedo evitar y a pesar de esto cumpliré con mi entrenamiento” u “otras veces he competido con molestias y he rendido bien”. Cualitativamente la experiencia de entrenar o competir variará, si tenemos a un atleta que se queja permanentemente del dolor y otro que asume esto como parte del proceso de entrenamiento.
- Aceptar la posibilidad de imprevistos y sorpresas: Cuando la preparación del deportista ha sido llevada con compromiso y convicción, como dijimos anteriormente aumentan las posibilidades de éxito, pues en gran medida él y su equipo técnico han controlado la mayor cantidad de variables que facilitan el rendimiento optimo.
Pero, es necesario tener en cuenta que existen una serie de factores externos imposibles de controlar, variables, como el clima, el nivel de los rivales, el sorteo de pistas, el horario de las competiciones, errores arbitrales, atrasos en la programación, etc. Todos estos son escenarios que ponen a prueba al atleta y agregan estrés en un momento determinado.
Aquí muchas veces observamos atletas invadidos por la rabia o por el miedo, emociones que influyen negativamente sobre todo en la mantención del foco atencional, es decir, dejan de centrarse en lo importante y dan paso a pensamientos o conductas centradas en el problema, en aquello que se ve difícil de solucionar. Un deportista que acepte a priori la posibilidad de imprevistos, que los observa y aborda como parte de las experiencias que puede vivir en competición, es capaz de regular sus emociones canalizarlas positivamente incluso puede anticipar y dirigir sus acciones centrándolas en la solución y no en el problema.
Estos son solo cuatro ejemplos prácticos de abordaje desde la aceptación, de todos modos es necesario seguir aclarando el concepto con el propósito que no se confunda con otras expresiones. Así, aceptar no es resignarse; resignarse es abandonar nuestros intereses y metas, la aceptación es seguir el camino de nuestros intereses, siendo guiados por nuestros valores. Tampoco es ignorar nuestras sensaciones, emociones y pensamientos, es abrirse a experimentarlos, siguiendo la dirección que personalmente nos propusimos. No es un camino para no sufrir, es asumir el dolor preciso para conseguir nuestros objetivos, metas y valores, sin que nuestras acciones nos provoquen abandonar.
Desde que se planteo la metáfora del autobús hemos hecho referencia a los valores, la presente columna no permitirá ahondar en su definición, sin embargo, consideraré aquello que intento reflejarles a los deportistas con que he trabajado, es decir, “ si te defines perseverante, si te defines competitivo, si te defines valiente intenta teñir tus acciones, con el color de tus valores, especialmente en momentos de dudas o dificultad, cuando los pensamientos, emociones o sensaciones intenten sabotear tus metas haz un compromiso con tus principios fundamentales y se consecuente con ellos”.
Tal vez a mas de alguien el enfoque de aceptación resulte, obvio, no obstante la experiencia practica y los nuevos enfoques en psicología dan muestra de cómo excelentes deportistas se ven entrampados intentando luchar con sus pensamientos y emociones. La ansiedad pre-competitiva, es un ejemplo de cómo el cuerpo y la mente se encuentran en pugna, el atleta quiere a toda costa desprenderse de los nervios o evitar la situación de estrés, así intentará pensar en otra cosa o negar su estado. Si a este deportista le enseñamos primero que todo a integrar los nervios como parte de lo que conlleva competir provocamos que su mente y su cuerpo se relaje porque asumirá la dificultad propia de la competición (no será algo extraño), si ha esto le agregamos alguna técnica de respiración, el atleta encontrará que posee los recursos necesarios para afrontar una situación de dificultad. De este modo no es preciso escapar de las emociones, sensaciones o pensamientos desagradables, solo se experimentan y regulan hábilmente.
Nuestras experiencias internas (emociones, sensaciones, pensamientos) muchas veces nos ayudan evitando que nos enfrentemos a situaciones que nos producen malestar; pero otras nos llevan por mal camino y nos producen un sufrimiento mayor que el que nos señala que quieren evitar. El criterio para saber si nos facilitan o entorpecen el vivir, es considerar si nos alejan de la dirección en la que queremos ir en la vida o nos retrasa indefinidamente seguirla. Los grandes deportistas sienten miedo, dudan de sus capacidades y experimentan malas sensaciones, pero a pesar de ello no renuncian a intentarlo.
| Ejercicio: 1.- Busca un lugar cómodo donde te puedas sentar o tumbar, programa tu reloj en 3 minutos y durante ese tiempo haz lo siguiente: cierra tus ojos y esfuérzate en llevar toda tu atención a tu respiración (respirando normalmente), después que acabes anota tus sensaciones. 2.- Repite el mismo ejercicio anterior durante 3 minutos con la siguiente diferencia, centra tu atención en la respiración sin realizar mayores esfuerzos, si tu pensamiento se desvía, sin reprocharte nada y en tranquilidad vuelve a centrar tu foco en la respiración. Anota nuevamente tus sensaciones. ¿Qué diferencias identificas? |
Referencias
Barlow, D.H.(2002). Anxiety and its disorders. The nature and treatment of anxiety and panic. New York: Guilford Press.
Clarck, D.M.,Ball,S. y Pape, K. (1991). An experimental investigation of thought suppression. Behaviour Research and Therapy,31,207-210.
Ezquerro, M.(2002).Psicología clínica del deporte. En: J. Dosil (Ed.).El Psicólogo del Deporte: Asesoramiento e intervención. Madrid: Síntesis (pp.69-100)
Ferro, R (2001). Aplicación de la terapia de aceptación y compromiso en un ejemplo de evitación experiencial. Psicothema 2000. Vol. 12, nº 3, pp. 445-450
García, J, A, (2006). Curso Terapéutico de Aceptación. www.psicoterapeutas.com
Hayes, S.C., Strosahl, K.D. y Wilson, K.G. (1999). Acceptance and Commitment Therapy. An experiential approach to behavior change. New York: Guilford.